o ¿nos convirtió en un copiar y pegar del estilo?
Acá se viene un análisis de esos que son un poco más nerd, pero interesante de todos modos, así que prepárate un cafecito o un té para este artículo y algo dulce para acompañar ;)

El estilo personal es una expresión de quienes somos, nuestra autenticidad, nuestros gustos, la música que escuchamos, los colores que nos favorecen o aquellos con los que nos sentimos más cómodos.
Es la manera más gráfica de comunicarnos, a través de cómo nos vestimos.
También lo definen otros factores, la situación social, económica, el lugar donde nacimos, las temperaturas de ese país, las costumbres, las tradiciones, lo que nos venden o lo que consumimos.
Antes, una persona podía pasar años construyendo su estilo personal, la prueba, el ensayo, el error, los aciertos, el cambio de décadas y otro sinfín de causas.

Una búsqueda permanente de poder expresar lo que queremos, el momento que atravesamos o la profesión a la que nos dedicamos.
Este proceso se nutría de revistas de moda, vidrieras, íconos culturales como estrellas del cine, de la música, la televisión o la calle en sí.
También las referencias cercanas, nuestra familia, el barrio, el contexto que se vivía o las tribus urbanas, de las que hablaremos más adelante.
La limitación como disparador creativo
Años atrás no todo estaba disponible, el acceso limitado a las prendas y accesorios generaba combinaciones más personales con la ropa que ya teníamos o la heredada. Esto generaba una adaptación creativa de las tendencias y una mayor conexión con el cuerpo y la vida real.
En la actualidad las tendencias y las modas son cada vez más efímeras, pasamos de colecciones que salían cada seis meses, (otoño - invierno / primavera - verano) a la producción masiva de prendas y la creación de colecciones enteras por semana.
Sí, una colección por semana.

¿Qué es lo perjudicial de esto?
Sin dudas que la sobreproducción textil existente daña de manera nociva el medio ambiente, la precarización laboral de países vulnerables y las reservas de agua dulce totalmente contaminadas por tintes, tóxicos y venenos de todo tipo. Pero no es en este punto en el que nos vamos a detener hoy.

Ante la expansión masiva del internet y las redes sociales tenemos al alcance de la mano, un mundo, con las aplicaciones que llegaron para solucionarnos la vida. Instagram se creó con la finalidad de subir fotografías y compartir momentos, como un gran álbum de la vida en formato digital.

Pinterest para compartir creaciones, arte, ideas y una herramienta para organizar temas. Por otro lado, la última plataforma que analizaremos, TikTok, para compartir videos cortos, de baile, trends, humor, tutoriales o educativos.

Con el consumo adictivo de las pantallas y la cantidad de horas que las generaciones más jóvenes pasan frente a ellas, se volvieron redes de venta masiva, publicidad constante, reacciones de influencers a productos con la única finalidad de vender.
Esto le dio paso a la pérdida del estilo personal, porque ya no hay búsquedas auténticas para transmitir quienes somos, sino que los reels, los TikToks y los moodboards tomaron por completo esas decisiones, con plantillas armadas y réplicas constantes.

Tribus urbanas
Antes las personas creaban looks para transmitir, comunicar, marcar presencia, contar una historia o demostrar el estado de ánimo de ese día.
Existían las tribus urbanas en las que compartían e intercambiaban según sus intereses, los hippies, los punks, los rockeros, emos, hipsters, gamers, floggers o el grunge, así como también no pertenecer a ninguna de ellas e ir por otra línea de estilo.
El “aestethic” que parecía una moda más, se instaló y ahora todo gira en ser “perfecta” y pertenecer al mundo de las “girls”.
Las creadoras de contenido tienen la misma “vibe”, la misma ropa, los mismos ganchos para iniciar los videos para poder retener al espectador por más de tres segundos y que el dedo no deslice hacia otro estímulo.
La fórmula estética ya está prearmada, con “cores” y “moodboards” listos que ofrecen “como vestirte si sos..”, estética “clean girl”, coquette, YK2, old money, entre otros.

El algoritmo simplifica el proceso creativo y nos brinda un molde que copiar, al cual le llamamos “inspo”.
Ya no se busca un estilo, se elige una estética, y es ahí cuando el vestir pasa de ser una expresión a pertenencia, validación y performance visual, pero con un copiar y pegar incluído.
Los outfits se piensan para la foto, el video, o que sea “aestethic” con el feed y no para la vida real.
Contexto de la generación Z
Sin ánimos de demonizar a la GenZ o caer en el cliché de “todo tiempo pasado fue mejor”, es importante entender la actualidad que transitamos y cómo los jóvenes de hoy crecieron con las redes sociales, la exposición, la crisis climática, inestabilidad económica en muchos países, ansiedad social, comparación constante y la digitalización de la identidad.
Esto explica porqué buscan seguridad, aprobación y fórmulas que funcionen y si existe una aplicación que resuelva esos problemas allí estarán.
El consumo diario de las redes nos deja una mirada más hacia afuera que hacia adentro, y la pregunta que predomina es ¿cómo debería verme? cuando en realidad debería ser ¿cómo me siento cómoda y representada? ¿qué me gusta? ¿qué deseo transmitir?.
El algoritmo no todo lo ve
Hoy ya no buscamos looks que comuniquen sino que los apruebe el algoritmo, porque aparece la frustración cuando el outfit no nos queda como en redes o igual que a la influencer, ya que el cuerpo se adapta a la estética y no al revés.

No parecer tan aestethic en stories, genera sensación de que no vamos a encajar, el miedo a desaparecer, todo se mide en likes y en pertenecer a la homogeneización con la repetición de patrones y el “core” del momento para que no se burlen de nosotros.
El algoritmo premia la repetición, no la originalidad. Muestra lo que más “engagement” genera, no lo auténtico.

Toda esta era dejó de lado la exploración del estilo personal, con sentido propio, alma o errores (que también tenía) y pasó del descubrimiento de modas y combinaciones auténticas a acatar y obedecer lo que me ofrece la “inspo” de Pinterest ya armada.
El cómo nos vemos pasó a ser una estadística, una cantidad de likes determinada,de pedirle a los seguidores que guarden y compartan el post para generar más interacción y que el algoritmo entienda que mi publicación es relevante, así me posiciona en visibilidad y búsquedas.
Sociedad de consumo
Con la llegada de la moda rápida, las tendencias de una semana y las stories con links de compra directa, el estilo se vuelve descartable. La mayoría cuando sube contenido es para responder al trend y no quedar afuera (de nuevo) del producto del momento. Se pasa de contar quién sos a contar qué tendencia tenés que estar siguiendo.
Para esta temporada, no se verán tanto los modelos de zapatilla chunky, esas con grandes o marcadas plataformas como el modelo triple S que lanzó Balenciaga hace unos años, sino que los championes (cómo les decimos acá) tendrán suelas bajas o estilo flat y las que están en tendencia ahora son por ejemplo las Adidas Samba.

A que voy con estos datos, hace poco encontré este modelo de zapatillas en una vidriera, en colores llamativos que iban completamente con lo que me gusta usar y combinar. Las iba a comprar, así sin más. Luego pensé, ¿realmente me gusta la estética de los 70´o va con mi estilo y el resto de mis prendas o sólo las voy a llevar porque el moodboard inspo de Pinterest me muestra desde hace semanas combinaciones con este calzado?
Otros ejemplos más masivos: hace algunos meses se popularizó un accesorio para la cartera, los famosos Labubu. Rápidamente los comercios que los vendían tenían filas interminables, stock agotado en minutos, las masas coparon las redes sociales con este producto, se volvió viral abrir los envoltorios sorpresa para ver cuál modelo te había tocado, tener la reacción frente a cámara y coleccionarlos.

O el chocolate Dubai, una receta innovadora para millones de internautas, lo que enloqueció nuevamente a las redes y al mercado. Miles de consumidores que de un día para otro eran amantes de esta barra de chocolate con crema de pistacho y pasta de kataifi creada en Emiratos Árabes.
Las preguntas que debemos hacernos ante estas tendencias que surgen cada semana con millones de reproducciones son ¿esto va con mi estilo o me gusta para adaptarlo a lo que soy? o sólo ¿estoy comprando para subir un video a TikTok y mostrar que yo también pertenezco y descartarlo en 15 días?
En las últimas fashion weeks vimos las nuevas tendencias, patrones, estampados y colores que se van a usar, así como también los colores del año.

En todas se repiten varias cosas, pero lo principal es la “expresión personal”, la “búsqueda del estilo”,la resistencia del vintage y el regreso a lo artesanal, con prendas tejidas, crochet, lana o hecho a mano, para revalorizar el trabajo de confección y creatividad.
¿Ya perdimos el estilo personal o sólo es una etapa de transición? ¿Realmente el estilo personal está de regreso o es otra tendencia efímera creada por las redes?
¿Tu estilo va de la mano con el minimalismo, el uso de colores neutros, la simpleza y el makeup natural o sos una chica “clean girl” porque el algoritmo así lo quiso?
Te escribo a tí, querida/o lectora/or: te sentís realmente parte de alguno de estos “core” o sólo seguís la tendencia del algoritmo? ¿has comprado productos o adquirido estéticas enteras porque van con tu estilo o porque la inspo así lo decía?
Nos gustaría compartir este espacio para intercambiar, sin juzgarnos, contar experiencias y procesos. Te leemos :)
