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México tiene una nueva corona… y también un nuevo significado de belleza

Una victoria que reabre el debate: ¿qué significa realmente ser “bella” en pleno 2025? México corona a su nueva Miss Universo y, por primera vez, algo cambia en quienes miramos desde afuera este concurso.

México tiene una nueva corona… y también un nuevo significado de belleza

México tiene una nueva corona.
Y esta frase —que podría haber pasado completamente desapercibida para mí— se transformó anoche en algo mucho más grande.

Porque, seamos honestas: ¿una corona? ¿En qué época estamos viviendo? Los concursos de belleza hace tiempo dejaron de inspirarme. Cuando uno analiza el concepto con un poco más de profundidad, todo se vuelve incómodo: la belleza es subjetiva, imposible de medir, imposible de comparar. ¿Quién decide qué mujer es “más bella” que otra? ¿Bajo qué métrica? ¿Su tono de piel? ¿Su altura? ¿La forma de su cuerpo? ¿Una caminata sensual frente a un panel que evalúa… qué, exactamente?

Nada de eso tenía sentido para mí.
Hasta ayer.



Porque ayer algo cambió.
Creo que, por primera vez, la organización y el jurado de Miss Universo entendió que ese certamen —uno que venía perdiendo relevancia y acumulando críticas por su mirada anticuada— necesitaba girar el timón antes de hundirse definitivamente.

Y lo hizo.
Lo hizo a través de una mujer que se plantó ante el mundo sin pedir permiso. Ver video de la controversia, a partir del minuto 4:10, haciendo click aquí

Ayer ganó alguien que defendió sus ideas con una claridad admirable. Alguien que se negó a ser maltratada verbalmente, que respondió sin rodeos, sin miedo y sin disfrazarse de “lo políticamente correcto”. Alguien que, en medio de un conflicto transmitido globalmente, improvisó con una seguridad, una elocuencia y un nivel de empoderamiento que fue un verdadero placer escuchar.



Lo que vimos días atrás no fue marketing: fue carácter.
Lo que logró fue tan contundente que el propio representante tailandés terminó pidiendo disculpas públicamente, en lágrimas, días después.

Y quizás —solo quizás— esta sea la señal de una nueva era para Miss Universo.
Una era en la que las participantes no solo practiquen pasarela, skincare y oratoria, sino también la valentía de decir lo que piensan con respeto e inteligencia. Una era en la que la autenticidad pese más que la perfección; donde ser fiel a una misma importe más que cumplir con un molde.

Yo, que hace tiempo perdí el interés en estos certámenes, hoy vuelvo a sentir una pequeña chispa de esperanza.



Desde mi opinión más humilde, y con el corazón lleno de admiración, le mando un beso enorme a mi querido México.
Felicidades por tanto poder. Felicitaciones Fátima Bosch



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