"Imaginé la colección como el propio verano. El sol, los colores, la belleza de las cosas sencillas, la sensación de ligereza."

Así describía Simon Porte Jacquemus la colección que presentó en Córcega, y pocas veces una frase resumió tan bien lo que sucede cuando una marca tiene una identidad tan fuerte que logra emocionarnos antes incluso de que aparezca el primer look.
Hoy puedo seguir confirmando sin dudas: Jacquemus es mi marca favorita.
Y no solamente por la ropa.
Porque la moda es muchísimo más que eso. La moda es una sensación. Es el universo que una marca construye. Es aquello que logra transmitirte y la razón por la que terminás enamorándote de ella.

Simon lo consigue colección tras colección.
Con su minimalismo, con esa forma tan particular de entender la belleza y de celebrar las cosas simples, logra hacerme viajar desde el escritorio de mi oficina hacia esos veranos que parecen sacados de una película europea. Esos donde el tiempo pasa lento, el mar es protagonista y el lujo no necesita demostrar nada.

Sus diseños parecen simples.
Pero no lo son.
Detrás de cada silueta hay una proporción perfecta, una búsqueda por eliminar todo lo innecesario hasta quedarse únicamente con lo esencial.
Y este desfile volvió a confirmarlo.

Quizás por eso también me fascina la manera en la que presenta sus colecciones. Hace exactamente el tipo de desfile que más disfruto: minimalista, elegante y profundamente conceptual.
Siempre encuentra un lugar extraordinario para seguir haciéndonos vibrar.

Nunca sabemos dónde será el próximo desfile de Jacquemus. Un campo de lavandas, una plantación de trigo, una salina, una playa mediterránea o, como esta vez, los paisajes de Córcega.
Cada colección es también un viaje para todos los sentidos que logra emocionarme cada vez que entro a su web
Pañuelos, transparencias, rayas marineras, vestidos, blancos luminosos, amarillos, turquesas que recuerdan al Mediterráneo y ese equilibrio perfecto entre sofisticación y naturalidad.

Todo convive en armonía. Todo respira verano.
Mientras miraba el desfile pensaba que me gustaría estar ahí.
Después entendí que, de alguna manera, ya lo estaba.

Porque esa es la magia de Jacquemus: hacerte sentir el calor del sol sobre la piel, escuchar el viento de la playa y querer hacer las valijas apenas termina la última pasada.
Eso también es moda.
Y cuando una colección logra transportarte sin moverte de tu lugar, deja de ser simplemente una colección.
Se convierte en una experiencia.
